sábado, 28 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo IV

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

VIII. La Técnica de A. O. Spare para la Conjuración Elemental

Para conjurar con éxito, entonces, el hechicero que usa la represión debe sofocar su deseo para que se separe de su ego, y después dinamizarlo para que pueda llevar a cabo su misión. Y debe ser dinamizado, el simple olvido no es suficiente. Un neurótico sexualmente reprimido, por ejemplo, dinamiza a su demonio cada vez que su madre le pide que la lleve al cine el viernes por la noche. Nuestros deseos de corazón merecen tanto, que por ello necesitamos una manera de cargarlos con verdadera emoción. Por esto Spare recomendaba el uso del “principio Ni lo Uno-Ni lo Otro” para producir un tipo de energía a la que llamó “creencia libre”.

El principio Ni lo Uno-Ni lo Otro afirma que no hay verdad en ningún lugar que no esté equilibrado por una verdad igualmente opuesta en algún otro lugar, y solo hay perspectiva y circunstancia para determinar lo que parece más verdadero en algún momento dado. Para aplicar este principio a la conjuración, espera hasta que estés absolutamente seguro de que algo es cierto, después busca su opuesto(1). Cuando lo encuentres, has de oponerlo a tu 'verdad' y que se aniquilen lo uno a la otra tanto como puedan. Cualquier residuo deberías oponerlo a su opuesto, y así hasta que tu verdad se haya desmembrado y la pasión detrás de ella convertido en energía no dirigida –creencia libre. Aplicando el Ni lo Uno-Ni lo Otro podemos destripar las convicciones sin sentido que nos obsesionan cada día y usar el poder liberado para causar los cambios que deseamos.

Una vez generada la creencia libre, el hechicero debe enfocarla en su deseo sin permitir al deseo contaminar su pensamiento. Para lograrlo, Spare hizo uso de los sigilos –figuras lineales que el hechicero diseña para representar sus deseos. Los sigilos sirven como vías para que enfoque la creencia libre en sus deseos sin perturbar su sueño inconsciente. Al usar la libre creencia para quemar un sigilo en su imaginación, el hechicero empuja al poder a través de su psique profunda hacia la Mente de Dios, donde puede surgir cualquier inspiración o casualidad que pudiera requerir.

Pero su sigilo debe ser especial, no servirá cualquier diseño. Debe ser psíquicamente significativo incluso cuando no aporte indicación del deseo que representa, y por ello no podemos usar el simbolismo tradicional. Si, por ejemplo, un hechicero usara el símbolo astrológico del sol para designar su deseo de un salario superior, sería fácil para su mente seguir una cadena lógica que condujera a pensamientos de energía y oro, la sustancia y símbolo de la riqueza. En un abrir y cerrar de ojos él estaría hablando de su falta de él, derrotando su esfuerzo por reprimirlo. Por ello necesitamos una forma de diseñar sigilos que no recuerden a nada en absoluto.

Spare nos ofrece un método tan simple que puede incluso ser perfecto. El hechicero simplemente escribe su deseo en una frase concisa, elimina las letras duplicadas y después usa las restantes para hacer un diseño lineal. Si, por ejemplo, quería traer a casa un sueldo mayor, su frase podría ser: “Permíteme ganar más de Morten”, siendo Morten su jefe. Su sigilo podría parecerse a este:


Una vez el hechicero ha diseñado su sigilo, debe encomendarlo a la memoria. Debe estar tan firmemente ahí, que pueda evocarlo en su imaginación cuando sea que la libre creencia esté disponible para cargarlo.

Tan pronto como esté seguro de la forma de su sigilo, el hechicero debe empezar a mantenerla tanto a ella como a su deseo fuera de su pensamiento. Simplemente no se permitirá considerarlos. En The Book of Pleasure Spare escribió que cuando un sigilo salta a la corriente normal de pensamiento del hechicero, debe echarlo deliberadamente, olvidándolo por un acto de voluntad. Esto lo activa por lo que “domina en el periodo inconsciente, su forma se nutre, se le deja apegarse a la subconsciencia y volverse Orgánico”. De esta forma su sigilo es plantado, preparado para ser regado con cualquier libre creencia que pueda verter sobre él.

Para realizar este riego en la práctica real, el hechicero debe entrar en un estado de vacuidad, generar libre creencia y enfocarla en la concentración sobre su sigilo.

La vacuidad es un estado de no pensamiento, un espacio limpio parecido a lo que hace un destierro. Aunque no menciona el destierro en The Book of Pleasure, Spare sugiere que la vacuidad puede producirse a través de largas caminatas, tenis, alcohol, mantras y posturas de yoga, incluso jugando en solitario –cualquier cosa que mantenga la mente consciente del hechicero en espera para que no obstruya su sigilo. También, podría yo añadir que la fuerte pasión convertida en libre creencia a menudo resulta en vacuidad, simplemente porque la libre creencia es tan intensa que no permite que ningún pensamiento coherente permanezca en nuestra mente. En dichos casos es imperativo que la energía se enfoque en un sigilo, si no se desmoronaría, volviéndose comida para el peor tipo de bicho mental.

Una vez lograda la vacuidad, el hechicero reunirá cualquier libre creencia que pueda y la usará para visualizar su diseño.

En el caso de la magia para el trabajo de nuestro hechicero, podría él encontrarse capaz de cargar su sigilo después de que su esposa le pregunte, “¿Cuándo vas a pintar ya la casa?” después de la decimoquinta vez. Lleno de resentimiento por su malhumorado tono, dejaría de jugar al béisbol y se dirigiría hacia el garaje, reconocería que su irritación es un poder apto para cambiarlo a libre creencia. Así conforme su ego se amortigua por el raspar de su espátula, considerará la manera abrasiva de su esposa. Una vez su irritación se haya desarrollado al máximo, se sentiría contrariado al recordar que había prometido pintar la casa, que había estado posponiéndolo desde el otoño pasado, y que el trabajo será más sudoroso a medida que el verano se hace más caluroso. Estas perspectivas contrarias se cancelarían la una a la otra en gran medida, pero quedaría un residuo: un fastidio hacia la casa por necesitar pintura después de todo. A esto opondría el hecho de que todo se deteriora, y si deseaba detener el deterioro tendría que suministrar una protección efectiva. Pero esto le dejaría con la inevitabilidad de la decadencia en sí misma, que es la base para el Primera Noble Verdad de Buda –que Todo es Dolor. Destruiría este estado de ánimo buscando lugares de placer a mano, mirando a un tulipán rojo fuego o al cielo azul oscuro, quizá vislumbrando incluso una minúscula gaviota desplazándose sobre altas brisas.

En este momento el fastidio de nuestro hechicero no tendrá base racional y la energía que ha generado resintiéndose de su esposa solo existirá como una potencia indiferenciada –libre creencia. Él puede enfocar esto en su deseo por un sueldo más elevado cerrando sus ojos, visualizando su sigilo y usándolo para llenarlo con poder. El sigilo debería arder brillantemente bajo este estímulo, al rojo vivo contra el brumoso telón de fondo, hasta que la libre creencia se apague y la irritación original esté cerca del olvido. Entonces el diseño se desvanecerá y el hechicero lo olvidará hasta que una nueva fuente de libre creencia se presente y lo llame para recargarlo. Continuará empapando con su libre creencia su sigilo hasta que Morten le de más horas extraordinarias, aumente las responsabilidades, o una oportunidad para aprender un trabajo de mayor sueldo. O quizá el hechicero se dará cuenta de que el trabajo debe fracasar, en cuyo caso abandonará el sigilo y elegirá un curso diferente contra su problema.

(1) El Ni lo Uno-Ni lo Otro funciona contra toda limitación, objetos materiales así como opiniones políticas y emociones del corazón. Si tu “verdad” es, por ejemplo, el hecho de que tu casa existe, simplemente mira por adelantado a través de los años, imaginando su lenta decadencia hasta que finalmente retorna a la tierra, aunque se necesite un glacial para triturarla.

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domingo, 22 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo III

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

VII. Conjurando

Definiremos la conjuración como cualquier intento de usar poder 'psíquico' o 'espiritual' para provocar un cambio deliberado, sea en el yo del hechicero o en sus circunstancias. Por lo tanto la oración a una Deidad en la que se tiene 'Fe' es una variedad de conjuración, aunque una que ignoraremos aquí, en la que solo se requiere la devoción, y ninguna habilidad. En la hechicería la habilidad lo es todo, la fe muy poco y la perseverancia toma el lugar de la devoción.

Pero entonces ¿perseverancia hacia qué? Esto es, ¿por qué conjurar después de todo? Para ayudarte a hacer tu voluntad, por supuesto, cualquiera que esta pueda ser. Algunos ejemplos:

Si tienes un talento para la venta, pero odias conducir, conjura al demonio que hay en la raíz de tu aversión y fuérzalo a estarse quieto. Y mientras estás en ello, podrías dinamizar a tu espíritu de la memoria –lo mejor para recordar los nombres de tus clientes, sus números de teléfono y las virtudes de tus existencias comerciales.

Si eres un consumado político, pero nada orador, convoca a tu espíritu de la elocuencia, dinamízalo y úsalo para cargar talismanes a llevar cuando hables y escribas. Y quizá también podrías invocar los poderes de la perspectiva para que puedas ver a través de los ojos de las facciones que debes reconciliar, descubriendo las posiciones que sienten que deben mantener y formas en las que puedas persuadirlos a ceder en lo no esencial.

Si eres un atleta, conjura al espíritu que relajará tus tensos músculos para que se estiren en lugar de desgarrarse. Y también podrías buscar dentro de ti los poderes que te darán la agilidad, consciencia de las funciones corporales y estallidos de energía repentina que necesites para competir efectivamente.

Si eres un neurótico sexualmente reprimido, convoca al demonio de tu madre-instilada (o cualquier que sea) y golpéalo en la picota, después conjura a tu marchita sexualidad para que pueda ser alimentada, sanada y por otra parte animada a florecer.

En resumen, llama a los poderes que ayudarán a tu genio natural a emprender el vuelo, y aprisiona a los demonios que trabajan agarrando y tirando hacia su fango.

Pero cuando se mira de esta forma, la hechicería de ninguna manera parece hacer milagros en absoluto, siendo sino solo (como hemos dicho) una psicotecnología. Esta es una buena forma de contemplarla, pero incluso una psicotecnología puede ofrecer 'milagros' si puedes extender los límites de la “psique” bastante más allá. En teoría nuestras mentes inconscientes en última instancia se fusionan con la Mente de Dios, por lo que si lo podemos trabajar profundamente, Todas las Cosas estarán sujetas a Nuestras Voluntades. Pero entonces la moralidad de este tipo de trabajo es dudosa. En el nivel más inocente son poderes como la precognición, en los que uno lee las tendencias cósmicas y pone la propia vida (o incluso la cartera) en armonía con ellas. En el nivel más corrupto son poderes que acorralan a objetos sexuales recalcitrantes y dan ataques al corazón a nuestros tíos ricos.

Dos puntos necesitan hacerse aquí:

1) La Hechicería solo es una herramienta, lo que hagas con ella, para bien o para mal, es responsabilidad tuya. Un cuchillo de cocina es solo una herramienta también. Puedes pelar patatas con él, o puedes pelar a tu hermana. La única diferencia entre la hechicería y los cuchillos es que puedes creer que es más seguro maldecir a tu hermana con cinco docenas de diablos que rebanarla y picarla, ya que los policías no pueden cogerte por una maldición. Quizá no, pero entonces tu karma puede, u otro hechicero, o todos esos diablos de camino a casa desde el trabajo después de que tu hermana choque con su coche contra el pilar de un puente. Si usas magia para “conseguir” (sea “conseguir ser rico”, “conseguir follar” o “conseguir desquitarte”) en lugar de para “ver” o “comerciar”, “encontrar” o “hacer”, pondrás un muro entre tú y el resto del universo –entre el que consigue y lo conseguido– y así te impides acceder a la fuente de tu poder.

2) Es más seguro conjurar para mejorar tu habilidad para hacer tu voluntad que conjurar para hacer que el mundo se conforme a tu voluntad. Cuando te cambias, no envías ondas de poder afuera, al mundo, y por ello no tienes que temer que te salpique. Pero cuando intentas hacer que los eventos externos respondan a tus órdenes, dichas repercusiones son una amenaza constante. Examinaremos algunos de estos peligros cuando lleguemos al Capítulo IX.

Por supuesto, no obstante, usas poder en la hechicería, tienes que llamarlo al principio, es para lo que estás conjurando. Si sigues una práctica mágica convencional, harás tu conjuración simulando el poder que quieres hasta que responda desde las profundidades de tu psique y por ello se vuelva disponible para hacer tu voluntad. La forma en la que puedes mimetizar a un poder es vestirte con un traje de simbolismo, “poniendo” imágenes que se lo recuerden a la mente. Entonces dinamizas tu estado mental a través de las técnicas del ritual –danzando y cantando, sexo y sacrificio, vino e incienso y extrañas drogas. Cuando tu emoción se haga lo suficientemente fuerte para aplastar cualquier inhibición, la simulación se vuelve realidad y te sabrás por el dios, preparado para hacer tu voluntad sobre el mundo.

Por supuesto que esto significa que el aspirante a hechicero debe saber por adelantado qué poderes están disponibles para ser mimetizados, y qué tipo de acto se requiere para cada uno. En la práctica mágica convencional este conocimiento es suministrado por una tradición oculta. El mago se suscribe a una de estas al comienzo de su carrera, marca su simbolismo en su memoria y organiza todos sus poderes en sus términos. En Occidente la principal tradición es la de los Rosacruces, que creció del estudio de la Qabalah por los cristianos librepensadores. Los hechiceros que se suscriben a ella ordenan sus poderes de acuerdo a las diez “esferas” del qabalístico “Árbol de la Vida” y los veintidós “senderos” que las conectan. Cada lugar sobre el Árbol es el hogar para un poder y tiene su propio conjunto de símbolos relevantes: colores, números, plantas, drogas, metales, nombres de dios, imágenes de dios. Un neófito en una orden Rosacruz será adoctrinado con este simbolismo hasta que fluya con él, capaz de vestir sus rituales para que sean específicos para cualesquiera poderes que desee invocar.

Una tradición menos intelectualizada en hechicería es la del Vudú haitiano. En el Vudú los varios poderes son llamados “loas” y son evocados a través de la danza, con la que 'montan' al hechicero en una posesión dramática. Durante este tiempo pueden conferir conocimiento y poder y ejecutar hechizos mágicos. Pero antes de que un haitiano reciba su iniciación como houngan (o mambo, en caso de que sea una mujer), primero debe dedicar un largo periodo como servidor –un aprendiz en el templo de un houngan. En dicho tiempo verá de primera mano las posturas y actitudes que el cuerpo de su maestro asume cuando los diferentes loas reemplazan su alma. En la danza que sigue a su propia iniciación, el nuevo houngan empezará a mimetizar los movimientos de los varios loas, hasta que los mismos loas son atraídos desde su inconsciente y toman el control en una genuina posesión. Como los rosacruces, el sacerdote Vudú simula la naturaleza del poder inconsciente mientras los tambores martillean su mente consciente hacia el olvido. Cuando la deseada mímica encuentra el verdadero poder, el poder fluye dentro del alma del sacerdote y tiene una oportunidad para dirigirlos hacia sus propios fines.

Dependiendo de la cultura, cada escuela de hechicería tiene sus propias costumbres típicas para los poderes que define. Un rosacruz debe aprender que el cambio destructivo es atribuido a la quinta esfera del Árbol de la Vida –Geburah, que significa severidad. Su arcángel es Kamael, su ángel es Zamael, su espíritu es Bartzabel. Su color es rojo, su hierba es la ortiga, su droga es el tabaco, su metal el hierro. Por otro lado, el aprendiz de houngan sabe que el loa guerrero es Ogoun. Ogoun es severo, es un herrero, bebe rom, fuma tabaco. Y ya que el Vudú es una hechicería de África Occidental bajo un barniz de Catolicismo romano, él es atribuido a San Jorge. Cuando Ogoun monta a un houngan, el hombre ondea salvajemente su machete mientras danza, y lo usa para empujar y golpear a los miembros de su sociedad. Independientemente de su conducta normal, cuando Ogoun le monta, el houngan asume una actitud de arrogancia imperial.

Así que ya sea europeo o caribeño, el hechicero que depende de una tradición se ata voluntariamente a ella, justo desde el mismo principio. Esto está obviamente reñido con el propósito declarado en el Capítulo III, y por ello debemos adoptar un acercamiento no tradicional.

El que ofrecemos fue formulado en primer lugar por Austin Osman Spare, el inglés que nos dio (supuestamente) el ritual de destierro no tradicional descrito en el último capítulo. Para Spare, la fórmula del mimetismo era ridícula. “¿Es por la simbolización que nos volvemos lo simbolizado?” cuestionaba en The Book of Pleasure (1913). “¿Si yo me coronara a mí mismo como Rey, eso me haría Rey? Más bien sería un objeto de repugnancia o lástima”. Sentía que no hay necesidad de usar rituales elaborados para emular a la divinidad, porque toda vida ya es divina y una criatura puede darse cuenta de esto en la práctica solo si es capaz de liberarse de los límites del instinto, la pasión y la creencia. Tampoco tiene que asimilar un simbolismo tradicional, tanto porque cualquier cosa tradicional está inevitablemente fuera de fecha, como porque también los más potentes símbolos para cualquier hechicero dado pueden encontrarse dentro del propio inconsciente del mismo, su conexión real con el poder en la fuente de todos nosotros.

Pero si uno no imita la conducta de los poderes en el propio pozo oscuro, ¿cómo consigue que respondan? Spare encontró la respuesta a esto en el comportamiento del mismo inconsciente, en su reacción refleja a la represión y negación.

Para trabajar la técnica de Spare, el hechicero no usa el ritual para invocar al poder que necesita para lograr su deseo. En su lugar obtiene su deseo sofocando el pensar en él. No se permite considerarlo, y si fuera a entrar furtivamente en su corriente de pensamiento, lo suprimiría tan pronto como notara su presencia.

Spare lo llamó represión deliberada “haciendo al deseo orgánico”. Cuando nos fijamos en un deseo en nuestras mentes conscientes, nos involucramos en intentos racionales por satisfacerlo, intentos que atan nuestra energía en esquemas estructurados que se oponen a la esencia fluida del poder. Gastamos nuestra energía tejiendo sueños –complejidades de método y motivación, expectación y miedo al fracaso– velos que nos impiden vernos como nodos de poder enlazados directamente al Infinito. Pero cuando reprimimos nuestros deseos, se alejan de la consciencia para entregarse a sí mismos –convirtiéndose en entidades discretas– y si podemos verter suficiente energía en ellos (aunque mientras mantengamos el pensamiento sobre ellos fuera de nuestras mentes de vigilia), se sumergirán en el manantial del Destino, donde la energía será capaz de ajustar el flujo del Destino de acuerdo a nuestras voluntades.

Por lo que yo sé, Spare fue único en su uso de este mecanismo de la represión. Todos los otros sistemas de hechicería –desde el Vudú y el Tantra a la Wicca y los Rosacruces– usan alguna variación del ritual de identificación para invocar el poder. Por supuesto, la represión se conoce mejor como una función patológica que creativa. Se considera una causa principal de la neurosis, la neurosis histérica en particular, habiéndosele atribuido incluso a ella los fenómenos de poltergeist. Pero eso es enfermedad, no hechicería, y los únicos poderes que aporta son demoníacos –de ningún uso para nadie. El hechicero es completamente consciente de su propósito y plan antes de empezar, para que su operación triunfe, toda su voluntad, deseo y creencia deben estar detrás de ella. Es solo cuando lo tiene todo en orden y empieza su trabajo, que debe limpiar su pensamiento de su propósito.


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sábado, 14 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo II

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

VI. Un Ritual de Destierro

La hechicería es el arte de capturar espíritus y entrenarlos para que trabajen en nuestro provecho. La arena donde esta trampa e instrucción toma lugar está dentro de la imaginación del hechicero, el campo donde la intención consciente se encuentra con la tendencia inconsciente. Pero antes de que el hechicero pueda usar este campo, necesita alguna forma de despejarlo, tanto antes de que empiece cualquier operación como después de que la finalice. Antes de que empiece debe cortar los pensamientos extraviados, canciones populares y resentimientos crónicos que puedan inmiscuirse en su trabajo. Cuando ha finalizado debe enviar a sus espíritus de vuelta a sus propias moradas, porque si no podrían merodear en su consciencia y entrometerse fuera de control, creando a la larga una obsesión. 

El hechicero tradicionalmente ha aclarado su imaginación con rituales de destierro, ceremonias breves de circunvalación diseñadas para limpiar el aura propia con luz y salvaguardarla de una contaminación posterior, al menos por un corto tiempo. Los magos del tipo rosacruz han adoptado generalmente el ritual del Pentagrama para esto, pero aunque es muy efectivo, depende simbólicamente del sistema qabalístico y por lo tanto no es adecuado para cualquiera que quiera evitar colgar ese lastre alrededor de su cuello. En su lugar ofrezco un rito que me dio uno de mis maestros, Frater O.T.L., que me dijo que era invención del hechicero inglés Austin Osman Spare (1886-1956). Durante todo mi estudio posterior de Spare, nunca lo he visto impreso, pero funciona y lo he usado durante años con buenos resultados. También tiene la ventaja de la simplicidad. Una vez lo sepas, puedes hacerlo en pocos segundos justo en tu imaginación, y no hay ni un solo símbolo místico en él. 

Para empezar, cierra tus ojos e imagina una línea vertical de luz blanca, pasando desde el nadir hasta el zenit justo a través del punto de vista posterior a tus ojos. 

A continuación imagina un punto de luz a unos sesenta centímetros frente a este punto de vista. Con este punto traza un círculo horizontal alrededor de tu cabeza, bajando tu espalda, por debajo de tus pies, y subiendo de nuevo hacia la parte alta de tu cabeza. Después traza otra elipse desde la parte alta de tu cabeza hacia abajo por un lateral, por debajo de tus pies, y subiendo por el otro lateral hacia la parte alta de tu cabeza. Cuando hayas terminado, tu punto de vista debería estar en medio de una jaula que se parezca a esto: 


Con tus fortificaciones ahora en su lugar, puedes limpiar tu imaginación. Para hacerlo convierte la línea que visualizaste al principio en un pilar de fuego y haz que se expanda a través de tus tres anillos. Conforme lo haces, arroja a las llamas las imágenes de cualesquiera pensamientos o fantasías persistentes y contempla cómo arden allí, quedando nada más que los tres brillantes anillos blancos. 

Y eso es todo. 

Aparte de servir para limpiar tu mente antes y después de las operaciones mágicas, el destierro es tu primera defensa contra los pensamientos obsesivos de tu interior, y de cualquier tipo de ataque psíquico desde el exterior. Los rituales de destierro también tienen el lado beneficioso de endurecer el aura del hechicero, formando un caparazón psíquico que mantendrá su consciencia unida y desviará las intrusiones penetrantes del mundo externo. Desterrando con frecuencia (cuatro o cinco veces al día durante el resto de tu vida), el hechicero desarrollará un aura tan dura que será capaz de abandonar muchos de los frecuentes hábitos defensivos que podrían haberse apegado a su actitud personal. El destierro es así una herramienta esencial para el aspirante a hechicero, y es vital convertirlo en un hábito.


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domingo, 8 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo I

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

I. Hechicería

La Hechicería es el arte de capturar espíritus y entrenarlos para que trabajen en nuestro provecho, de ordenar los poderes que hay en nuestras mentes para que podamos manipularlos y hacer que causen cambios tanto dentro de nuestras mentes como más allá de ellas.

II. Espíritus y su Dominio

Los espíritus son poderes, poderes de la mente, y su dominio es el inconsciente. Así que para la persona media permanecen inaccesibles, y por ello nuestros encuentros con ellos pueden ser vagos y poco convincentes. Los espíritus pueden aparecer como hábitos, como talentos y como emociones. Los espíritus pueden esconderse en los complejos que disparan respuestas automáticas para las situaciones que encontramos. Los espíritus se muestran en los sueños y nos desafían a entenderlos. Pero un hechicero usa técnicas que hacen el inconsciente accesible, y por ello puede reunirse con sus espíritus cara a cara. Si tiene la fuerza, puede averiguar sus verdaderas formas y amarrarlos para que hagan lo que quiere. Si no, hay un riesgo muy real de obsesión. Todos los poderes portan riesgos. Ya sea que las ruedas giren por la caída de agua o la electricidad provenga de la división de átomos, la energía tiene que ser mantenerse en su lugar o puede dañar a alguien. No podemos esperar que el poder existente en la hechicería sea algo diferente, pero puedes tener la seguridad de que hay métodos para mantener a los espíritus bajo control, y ejercicios para darte la fuerza para usarlos.
La mente inconsciente, siendo el dominio de los espíritus, también es su medio, así que su naturaleza determina la naturaleza de ellos. El inconsciente es el depósito de imágenes por debajo de nuestras mentes de vigilia; todos nuestros pensamientos conscientes vienen de él, todas nuestras experiencias del mundo exterior se sumergen en él. Con el paso de los eventos, aquellos de poco poder se desintegran después de un tiempo, pero las experiencias repetitivas y las de gran poder o emoción construyen estructuras psíquicas –espíritus– que tienen vidas propias. Por lo que un leñador encontrará que guarda dentro de su psique el espíritu del bosque, un adolescente germinará (a través de las emociones generadas por su torrente de hormonas) un espíritu de lujuria, y un neurótico sexualmente reprimido creará un demonio para mantener su lujuria 'bajo control'.
Así vemos que podemos crear espíritus propios, y cuando todos los hacemos en conjunción, pueden volverse como dioses. El deseo del neurótico por apaciguar (digamos) a su posesiva madre, crea su demonio, un ser que se refugia solo en su mente. Pero las aspiraciones de un grupo de personas pueden producir un poder común que afectará al pensamiento y acción de todos en él. El deseo fenicio de seguridad en un mundo peligroso creó su terrible dios Moloch. El deseo judío por mantener su tribu unida trajo al celoso Yahvé. Y el deseo humano por mantener al 'Yo' intacto más allá de las puertas de la muerte generó los espíritus redentores diversamente conocidos como Osiris, Orfeo, Mitra y Cristo.
Ahora debo insistir en que al decir esto no denigro a estos dioses, ni al come niños Moloch, ni al Jesús cuyo Cuerpo y Sangre los cristianos consumen. Estos dioses tienen el poder que sus adoradores les dan –sea a través de la devoción, el ritual o el derramamiento de sangre. Si esta energía es dada con sinceridad y dirigida con competencia, provocará cambios. Esto sucede más obviamente dentro de la mente inconsciente del adorador, pero también –ya que el inconsciente tiene su raíz en la Mente del Absoluto– en el mundo externo. Este es el mecanismo detrás del poder de la oración. Pero hay un problema con el uso de espíritus preexistentes. Invariablemente vienen equipados con enormes cantidades de bagaje moral y teológico, manojos de creencia y rectitud que debes portar contigo mientras haces tu camino a través del mundo. Si crees en Moloch, sabrás que no puede ser satisfecho ni con oraciones ni con incienso ni con un vivir de forma honesta –solo tu primero hijo lo hará. Si crees en Cristo, tu sacrificio será más sutil, debes abandonar tu voluntad 'humana' y someterte a la suya divina si vas a salvarte de la Condenación Eterna. E incluso muchos hechiceros tienen que rendir alguna libertad para practicar su arte. En Occidente la más conocida escuela de magia es la de los Rosacruces. Los magos rosacruces estructuran los poderes de sus mentes de acuerdo a un mapa de poder llamado el Árbol de la vida, una ordenación geométrica proveniente de hace siglos, de los místicos judíos devotos de la tradición conocida como Qabalah. Antes de que puedas trabajar la magia rosacruz debes marcar este esquema dentro de tu mente inconsciente, definiendo todas tus percepciones y poderes de la mente en sus términos. Por ello, ya sea que reces al sangriento Moloch o te esfuerces por ser un mago místico, todavía estarás encallado en la antigua fórmula, y si encontraras cosas verdaderamente diferentes, tu problema puede ser insoluble.


III. Robando el Fuego del Cielo

En este ensayo ofrecemos una técnica que el individuo puede usar para crear sistemas de hechicería precisamente adaptados a sus propias realidades inconscientes. Siguiendo nuestras instrucciones, el lector puede hacer que su yo subliminal diseñe sus propios símbolos para representar los poderes que encuentra dentro de él. Su resultado será lo que es, esencialmente, un lenguaje de poder personal, uno que tiene sentido solo para él, pero repleto de potencia porque es la forma en la que su propia alma se expresa a sí misma.

IV. El Registro Mágico

Nuestra hechicería es por ello una psicotecnología –identificamos componentes dentro de nuestras psiques, descubrimos los mecanismos detrás de su movimiento, y usamos varias técnicas para manipularlos. Pero la mejor forma de abordar cualquier esfuerzo en tecnología es científicamente, y la esencia de la ciencia es mantener registros adecuados. Necesitas registrar lo que haces, así sabrás qué métodos funcionan para ti, qué métodos no y qué métodos funcionan después de practicarlos durante un tiempo. Necesitas registrar lo que sucede cuando triunfas para poder obtener la intuición de la naturaleza del poder que has encontrado, y cómo poder examinarlo más a fondo. Necesitas registrar los eventos mayores en tu vida mental y emocional para así conocer qué problemas tienden a recurrir y poder así tener un demonio en su fuente –sus nombres, símbolos y naturalezas aparentes. Necesitas un registro del efecto que tu hechicería tiene en tu vida como una totalidad.
Un cuaderno de espiral servirá.

V. Atravesando la Distancia

En este punto, el cuidadoso lector habrá concluido que la hechicería no es una operación nocturna y estará en lo correcto. Realmente es una cosa de toda una vida. Una buena analogía sería la música. Convertirse en un adepto en un instrumento musical toma un par de años, y después de eso vienen unas mesetas siempre ascendentes de maestría. Por supuestos, los maestros no hacen muchas cosas más aparte de música, y la hechicería puede ser también todo envolvente. Pero ya que la hechicería toca cada aspecto posible de la existencia (incluyendo el tocar la flauta), no es en absoluto limitadora. Francamente.
Por ello puede tomar años. Cuando ese sea el caso, un ritmo constante es importante –tienes que saber qué hacer, cuándo y cuánto te llevará lograrlo. Algunas cosas puedes hacerlas inmediatamente, como el ritual de destierro del siguiente capítulo y la conjuración con un sigilo y creencia libre, dada en el Capítulo VIII. Si estas son fáciles de hacer y consigues resultados, bien, Mozart hizo un estudio muy rápido del piano, también, y se dedicó a los asuntos más difíciles de inmediato. Pero si descubres que realmente no tienes la concentración para visualizar anillos brillantes, o tus pasiones son demasiado fuertes para desmembrarlas, o no tienes el poder de voluntad para olvidar algo, entonces deberías dedicar un año o dos en los métodos recomendados en el Capítulo XXI. Las he puesto allí porque son más control de la mente que hechicería, aunque eso no las hace menos importantes. Dominarlas es entrenar un buen caballo que puedes montar para reunir a todas las bestias salvajes en tu psique.



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