domingo, 22 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo III

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

VII. Conjurando

Definiremos la conjuración como cualquier intento de usar poder 'psíquico' o 'espiritual' para provocar un cambio deliberado, sea en el yo del hechicero o en sus circunstancias. Por lo tanto la oración a una Deidad en la que se tiene 'Fe' es una variedad de conjuración, aunque una que ignoraremos aquí, en la que solo se requiere la devoción, y ninguna habilidad. En la hechicería la habilidad lo es todo, la fe muy poco y la perseverancia toma el lugar de la devoción.

Pero entonces ¿perseverancia hacia qué? Esto es, ¿por qué conjurar después de todo? Para ayudarte a hacer tu voluntad, por supuesto, cualquiera que esta pueda ser. Algunos ejemplos:

Si tienes un talento para la venta, pero odias conducir, conjura al demonio que hay en la raíz de tu aversión y fuérzalo a estarse quieto. Y mientras estás en ello, podrías dinamizar a tu espíritu de la memoria –lo mejor para recordar los nombres de tus clientes, sus números de teléfono y las virtudes de tus existencias comerciales.

Si eres un consumado político, pero nada orador, convoca a tu espíritu de la elocuencia, dinamízalo y úsalo para cargar talismanes a llevar cuando hables y escribas. Y quizá también podrías invocar los poderes de la perspectiva para que puedas ver a través de los ojos de las facciones que debes reconciliar, descubriendo las posiciones que sienten que deben mantener y formas en las que puedas persuadirlos a ceder en lo no esencial.

Si eres un atleta, conjura al espíritu que relajará tus tensos músculos para que se estiren en lugar de desgarrarse. Y también podrías buscar dentro de ti los poderes que te darán la agilidad, consciencia de las funciones corporales y estallidos de energía repentina que necesites para competir efectivamente.

Si eres un neurótico sexualmente reprimido, convoca al demonio de tu madre-instilada (o cualquier que sea) y golpéalo en la picota, después conjura a tu marchita sexualidad para que pueda ser alimentada, sanada y por otra parte animada a florecer.

En resumen, llama a los poderes que ayudarán a tu genio natural a emprender el vuelo, y aprisiona a los demonios que trabajan agarrando y tirando hacia su fango.

Pero cuando se mira de esta forma, la hechicería de ninguna manera parece hacer milagros en absoluto, siendo sino solo (como hemos dicho) una psicotecnología. Esta es una buena forma de contemplarla, pero incluso una psicotecnología puede ofrecer 'milagros' si puedes extender los límites de la “psique” bastante más allá. En teoría nuestras mentes inconscientes en última instancia se fusionan con la Mente de Dios, por lo que si lo podemos trabajar profundamente, Todas las Cosas estarán sujetas a Nuestras Voluntades. Pero entonces la moralidad de este tipo de trabajo es dudosa. En el nivel más inocente son poderes como la precognición, en los que uno lee las tendencias cósmicas y pone la propia vida (o incluso la cartera) en armonía con ellas. En el nivel más corrupto son poderes que acorralan a objetos sexuales recalcitrantes y dan ataques al corazón a nuestros tíos ricos.

Dos puntos necesitan hacerse aquí:

1) La Hechicería solo es una herramienta, lo que hagas con ella, para bien o para mal, es responsabilidad tuya. Un cuchillo de cocina es solo una herramienta también. Puedes pelar patatas con él, o puedes pelar a tu hermana. La única diferencia entre la hechicería y los cuchillos es que puedes creer que es más seguro maldecir a tu hermana con cinco docenas de diablos que rebanarla y picarla, ya que los policías no pueden cogerte por una maldición. Quizá no, pero entonces tu karma puede, u otro hechicero, o todos esos diablos de camino a casa desde el trabajo después de que tu hermana choque con su coche contra el pilar de un puente. Si usas magia para “conseguir” (sea “conseguir ser rico”, “conseguir follar” o “conseguir desquitarte”) en lugar de para “ver” o “comerciar”, “encontrar” o “hacer”, pondrás un muro entre tú y el resto del universo –entre el que consigue y lo conseguido– y así te impides acceder a la fuente de tu poder.

2) Es más seguro conjurar para mejorar tu habilidad para hacer tu voluntad que conjurar para hacer que el mundo se conforme a tu voluntad. Cuando te cambias, no envías ondas de poder afuera, al mundo, y por ello no tienes que temer que te salpique. Pero cuando intentas hacer que los eventos externos respondan a tus órdenes, dichas repercusiones son una amenaza constante. Examinaremos algunos de estos peligros cuando lleguemos al Capítulo IX.

Por supuesto, no obstante, usas poder en la hechicería, tienes que llamarlo al principio, es para lo que estás conjurando. Si sigues una práctica mágica convencional, harás tu conjuración simulando el poder que quieres hasta que responda desde las profundidades de tu psique y por ello se vuelva disponible para hacer tu voluntad. La forma en la que puedes mimetizar a un poder es vestirte con un traje de simbolismo, “poniendo” imágenes que se lo recuerden a la mente. Entonces dinamizas tu estado mental a través de las técnicas del ritual –danzando y cantando, sexo y sacrificio, vino e incienso y extrañas drogas. Cuando tu emoción se haga lo suficientemente fuerte para aplastar cualquier inhibición, la simulación se vuelve realidad y te sabrás por el dios, preparado para hacer tu voluntad sobre el mundo.

Por supuesto que esto significa que el aspirante a hechicero debe saber por adelantado qué poderes están disponibles para ser mimetizados, y qué tipo de acto se requiere para cada uno. En la práctica mágica convencional este conocimiento es suministrado por una tradición oculta. El mago se suscribe a una de estas al comienzo de su carrera, marca su simbolismo en su memoria y organiza todos sus poderes en sus términos. En Occidente la principal tradición es la de los Rosacruces, que creció del estudio de la Qabalah por los cristianos librepensadores. Los hechiceros que se suscriben a ella ordenan sus poderes de acuerdo a las diez “esferas” del qabalístico “Árbol de la Vida” y los veintidós “senderos” que las conectan. Cada lugar sobre el Árbol es el hogar para un poder y tiene su propio conjunto de símbolos relevantes: colores, números, plantas, drogas, metales, nombres de dios, imágenes de dios. Un neófito en una orden Rosacruz será adoctrinado con este simbolismo hasta que fluya con él, capaz de vestir sus rituales para que sean específicos para cualesquiera poderes que desee invocar.

Una tradición menos intelectualizada en hechicería es la del Vudú haitiano. En el Vudú los varios poderes son llamados “loas” y son evocados a través de la danza, con la que 'montan' al hechicero en una posesión dramática. Durante este tiempo pueden conferir conocimiento y poder y ejecutar hechizos mágicos. Pero antes de que un haitiano reciba su iniciación como houngan (o mambo, en caso de que sea una mujer), primero debe dedicar un largo periodo como servidor –un aprendiz en el templo de un houngan. En dicho tiempo verá de primera mano las posturas y actitudes que el cuerpo de su maestro asume cuando los diferentes loas reemplazan su alma. En la danza que sigue a su propia iniciación, el nuevo houngan empezará a mimetizar los movimientos de los varios loas, hasta que los mismos loas son atraídos desde su inconsciente y toman el control en una genuina posesión. Como los rosacruces, el sacerdote Vudú simula la naturaleza del poder inconsciente mientras los tambores martillean su mente consciente hacia el olvido. Cuando la deseada mímica encuentra el verdadero poder, el poder fluye dentro del alma del sacerdote y tiene una oportunidad para dirigirlos hacia sus propios fines.

Dependiendo de la cultura, cada escuela de hechicería tiene sus propias costumbres típicas para los poderes que define. Un rosacruz debe aprender que el cambio destructivo es atribuido a la quinta esfera del Árbol de la Vida –Geburah, que significa severidad. Su arcángel es Kamael, su ángel es Zamael, su espíritu es Bartzabel. Su color es rojo, su hierba es la ortiga, su droga es el tabaco, su metal el hierro. Por otro lado, el aprendiz de houngan sabe que el loa guerrero es Ogoun. Ogoun es severo, es un herrero, bebe rom, fuma tabaco. Y ya que el Vudú es una hechicería de África Occidental bajo un barniz de Catolicismo romano, él es atribuido a San Jorge. Cuando Ogoun monta a un houngan, el hombre ondea salvajemente su machete mientras danza, y lo usa para empujar y golpear a los miembros de su sociedad. Independientemente de su conducta normal, cuando Ogoun le monta, el houngan asume una actitud de arrogancia imperial.

Así que ya sea europeo o caribeño, el hechicero que depende de una tradición se ata voluntariamente a ella, justo desde el mismo principio. Esto está obviamente reñido con el propósito declarado en el Capítulo III, y por ello debemos adoptar un acercamiento no tradicional.

El que ofrecemos fue formulado en primer lugar por Austin Osman Spare, el inglés que nos dio (supuestamente) el ritual de destierro no tradicional descrito en el último capítulo. Para Spare, la fórmula del mimetismo era ridícula. “¿Es por la simbolización que nos volvemos lo simbolizado?” cuestionaba en The Book of Pleasure (1913). “¿Si yo me coronara a mí mismo como Rey, eso me haría Rey? Más bien sería un objeto de repugnancia o lástima”. Sentía que no hay necesidad de usar rituales elaborados para emular a la divinidad, porque toda vida ya es divina y una criatura puede darse cuenta de esto en la práctica solo si es capaz de liberarse de los límites del instinto, la pasión y la creencia. Tampoco tiene que asimilar un simbolismo tradicional, tanto porque cualquier cosa tradicional está inevitablemente fuera de fecha, como porque también los más potentes símbolos para cualquier hechicero dado pueden encontrarse dentro del propio inconsciente del mismo, su conexión real con el poder en la fuente de todos nosotros.

Pero si uno no imita la conducta de los poderes en el propio pozo oscuro, ¿cómo consigue que respondan? Spare encontró la respuesta a esto en el comportamiento del mismo inconsciente, en su reacción refleja a la represión y negación.

Para trabajar la técnica de Spare, el hechicero no usa el ritual para invocar al poder que necesita para lograr su deseo. En su lugar obtiene su deseo sofocando el pensar en él. No se permite considerarlo, y si fuera a entrar furtivamente en su corriente de pensamiento, lo suprimiría tan pronto como notara su presencia.

Spare lo llamó represión deliberada “haciendo al deseo orgánico”. Cuando nos fijamos en un deseo en nuestras mentes conscientes, nos involucramos en intentos racionales por satisfacerlo, intentos que atan nuestra energía en esquemas estructurados que se oponen a la esencia fluida del poder. Gastamos nuestra energía tejiendo sueños –complejidades de método y motivación, expectación y miedo al fracaso– velos que nos impiden vernos como nodos de poder enlazados directamente al Infinito. Pero cuando reprimimos nuestros deseos, se alejan de la consciencia para entregarse a sí mismos –convirtiéndose en entidades discretas– y si podemos verter suficiente energía en ellos (aunque mientras mantengamos el pensamiento sobre ellos fuera de nuestras mentes de vigilia), se sumergirán en el manantial del Destino, donde la energía será capaz de ajustar el flujo del Destino de acuerdo a nuestras voluntades.

Por lo que yo sé, Spare fue único en su uso de este mecanismo de la represión. Todos los otros sistemas de hechicería –desde el Vudú y el Tantra a la Wicca y los Rosacruces– usan alguna variación del ritual de identificación para invocar el poder. Por supuesto, la represión se conoce mejor como una función patológica que creativa. Se considera una causa principal de la neurosis, la neurosis histérica en particular, habiéndosele atribuido incluso a ella los fenómenos de poltergeist. Pero eso es enfermedad, no hechicería, y los únicos poderes que aporta son demoníacos –de ningún uso para nadie. El hechicero es completamente consciente de su propósito y plan antes de empezar, para que su operación triunfe, toda su voluntad, deseo y creencia deben estar detrás de ella. Es solo cuando lo tiene todo en orden y empieza su trabajo, que debe limpiar su pensamiento de su propósito.


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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:


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